Sentir que, lo peor de todo, es que nunca llegarás a traspasar esa puerta, a ver que hay a ese lado, porque simplemente puedes tocar el picaporte, rozarlo con las yemas de los dedos, pero está cerrada. Está cerrada para ti. No podrás sentir que tocas el cielo, que añoras las feas cosas de la realidad, porque no tienes permiso de entrar en ese limbo maravilloso, no tienes permiso de ser feliz. Eso se guarda a otros.
Condenado a vivir en el mundo real, en donde no hay más que desilusiones y fiascos, en el que, para destacar sobre tí mismo, hay que pisar a otros, porque no vale con sentirse bien sólo consigo, hay que hacer daño a los demás. Mas no, no lo permites. Prefieres crear y vivir en un mundo propio, mezcla de fantasía y realidad, donde sólo tú puedas imaginar, y aunque soledad sea la única compañía, que más da, no podrás sentir el amor de otros, no podrás saber que hay un corazón latiendo por ti. No. No lo tienes permitido. Eso es para otros.