miércoles, 31 de agosto de 2011

El dolor...


¿Qué harías si te propusieran toda una vida sin dolor?

Dolor… es un término extraño, difícil de definir. Pueden sentirse muchos tipos de dolor, incluso pueden fingirse, o más aún, fingir su ausencia.
No hablo del dolor puramente físico. Si, quien no se ha golpeado alguna vez y ha sentido destellear la vista. Pero no, no es ese el dolor al que me refiero. Éste va mucho más allá, puede ser un dolor por uno mismo, dolor por perder a alguien, dolor por no recuperar a ese alguien, dolor por sentir, dolor por el dolor de otro…
Quizá el peor es el dolor por la propia existencia, puede que no les haya dolido existir en ningún momento. Mas hay personas a las que si nos duele, en el mismísimo instante en que otra multitud ríe, o en el que las paredes lloran de lo que han visto…, podemos llegar a lamentar estar donde estamos, y aunque desde fuera todo parezca en absoluta armonía, algo no está bien en nuestro más profundo ser.
¿Han sido capaces de experimentar el dolor por el dolor en sí mismo de otro ser? Es una de las cosas más difíciles para un corazón en vías de maduración, de curación, de cicatrización. Puede ser considerada una mala aptitud, mas puede entenderse como una virtud. El alcanzar el corazón de otro en el de uno mismo esconde belleza, pureza y, sobre todo, empatía.
El dolor por amar es uno bien conocido, pero únicamente unos pocos saben realmente lo que implica, pues afortunados son los escasos que han palpado el amor en sus manos, el cariño en sus besos, el calor en sus brazos, y dolor inmenso en el pecho es lo que inunda sus almas cuando lo pierden. No es para menos, muchos daríamos nuestra propia vida por unas gotas, por unas migajas del verdadero. Pero éste no sólo vive en las parejas, también inunda amistades sinceras, vínculos fuertes y valientes.
Es por eso que duele perder un familiar, un amigo. Aquí tenemos otro tipo de dolor. Sentir que faltará algo por siempre, porque se fue o le dejamos ir. Hay personas que nos llenan con su sola presencia, con una única de sus palabras, con un ligero roce que se antoja una caricia.
Todos ellos, juntos, pueden caber en uno mismo, en un único alma, en lo pequeño de un corazón roto. Créanme, los he visto, rozado, padecido. Pero…

¿Qué haría si me propusieran toda una vida sin dolor? Diría que no. En cierto sentido, es la esencia de la vida. Nos ayuda a distinguir. La ausencia de dolor no se mide por las veces que sonrías, sino por las lágrimas que no lleguen a resbalar por tu rostro.

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