Despierto cada mañana con los resquicios de tu sonrisa aún en mi retina, como si no existiera despertar próximo. Es tu mirada, a cada vuelta, la que me asombra; la que, por alguna razón que desconozco, desmorona mis esquemas acerca la cordura de este mundo loco. Me sorprendo, creyendo percibir tu olor, entrando en estado de demencia, pudiendo sentir que estás cerca cuando la distancia es eterna. Y si pudiera, que sería de mi, que sería de todo. Si pudiera borrar ese ladrillo ficticio que me golpea, que te aparta.
No sé que tiene, pero sé que me gusta.
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