Ordenar mi vida, poner en su lugar correspondiente cada cosa, replantearme uno a uno todos los detalles que me organizaban a mi, en vez yo a ellos. Debería ser yo quien decidiera cómo los voy a manejar, qué me va a afectar y qué no. Y el resultado no está lejos, pues el proceso está en marcha.
Ser capaz de reflexionar sobre mi, cuando no todos son capaces, me hace sentir orgullosa de mí misma, de lo que soy capaz de conseguir al plantearme como un todo, como un ser con errores, pues así puedo cambiarlos.
Y si no hubiera nada que reconocer, entonces sería tiempo perdido el vivir sobre la Tierra, pues nadie es perfecto, y solo podemos mejorar para cambiar un poquito día a día. Siempre desde la base de que lo nuestro no es La Verdad, y sólo así puede construirse uno mismo de forma enriquecedora. Metas epistémicas, damas y caballeros.
Y por fín puedo decir que me siento bien con cómo me estoy construyendo, defender mis valores y actuar en consecuencia ya no me parece tan idílico, alejar aquello que me daña no resulta tan difícil ahora que puedo permitirme ser yo, sin juicios ni prejuicios.
Y mientras páginas y páginas me absorben, mientras los vasos de agua se vacían, las hojas de los árboles caen, las sonrisas se confunden y las lágrimas se convierten en posible felicidad, yo me hago a mi misma según quiero y según me siento cómoda. Mientras los días pasan y las malas caras aumentan, los desprecios y las discusiones infantiles se acrecentan, yo sonrío porque no me afectan, al menos no en la medida en que antes lo hacían. Señores, ya no es como antes. Ya no puedo permitirme pisotearme por dejar a alguien por encima. Son cosas que se aprenden poco a poco. Mientras el frio congela corazones, y la escharcha cubre mentes, mi corazón está sonriendo como nunca lo hizo, y mi mente está lúcida como un cristal iluminado, o quizá no. Es posible que esté en mi estado de mayor locura, mas qué importa, si estoy bien así.
Y ya en pleno invierno, contigo al lado siento todo el calor que necesito. Y junto a ti, las personas que yo elija son las que seguirán en mi camino.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
Y después de todo, he visto la Luna brillar.
Amanece. Otro día gris como todos los anteriores. Ya no recuerdo la luz del Sol en mi retina. Ya no recuerdo las sonrisas, el ruido de los pájaros. ¿Lo sentí alguna vez? La desesperanza invade uno a uno cada rincón de mi cuerpo cuando intento levantarme para comenzar un nuevo día. Un nuevo tormentoso día. Y cada paso que doy es un paso contra mí misma, contra mi voluntad, contra todo lo que quise ser un día, contra todo mi propósito de vida, de ser feliz. Y poco a poco llevo a cabo cada una de mis rutinas, todas ellas mecanizadas con el paso de los días grises, ya no tienen sentido. La tostada ya no sabe a nada, la colonia ha dejado de tener olor, el Sol ha dejado de brillar y los ruidos ya no avisan de nada. Todo surge para hacer la rutina de los días vacíos. Todo acompasado como un reloj antiguo, como los latidos de mi corazón, al que un día se le dio cuerda y aún no se ha agotado.
Y así era todo. Todo. Mis días eran tan grises como puedo describirlos. O más. Mi melancolía recorría cada una de mis venas, y la pena que me invadía me empujaba cada vez más hacia un pozo sin salida.
Y llegaste tú. Y vi que podía sonreir sin tener que forzar los músculos de mi rostro, que podía reir en alto sin temor a percibirme patética, que podía respirar y no me ahogaba con mi propio sufrimiento.
El Sol cobró sentido, y aparece aún en los días más grises, en los que no se ve ni lo azul del cielo de las nubes que lo cubren. Las mañanas se tornan iluminadas, con energía, y merece la pena levantarse pensando en ti, sabiendo o deseando verte, deseando escuchar tu voz, tu risa.
Y hoy, después de varios días, regreso al lugar que cobijó nuestra dulzura, nuestra pasión, a las paredes que acogieron a tus gemidos, a las sábanas que recogieron tus besos. Los adornos aún pueden recordar tu voz susurrándome al oído. Y camino, recorriendo cada uno de los lugares en los que me rodeaste con tus brazos, y me recreo en ellos, me traslado a esos momentos contigo. Puedo conseguir llegar a percibir tu aroma.
Hoy la cama me parece eterna. La noche se me antoja difícil sin ti. Y el sentimiento que se agolpa entre los muros de mi cuerpo no puede salir, y lucha por ello, porque siento que sino estallará, me hará estallar con él, me romperá, podrá conmigo de potente que es.
Y al final hoy conseguí ver la Luna, conseguí verte a ti sonriendo por ella.
Intentaré hacer brillar tus pupilas con cada uno de mis besos, hacer temblar tus manos cuando te roce con una caricia, iluminar tus días oscuros cuando creas que no hay claridad posible.
Y así era todo. Todo. Mis días eran tan grises como puedo describirlos. O más. Mi melancolía recorría cada una de mis venas, y la pena que me invadía me empujaba cada vez más hacia un pozo sin salida.
Y llegaste tú. Y vi que podía sonreir sin tener que forzar los músculos de mi rostro, que podía reir en alto sin temor a percibirme patética, que podía respirar y no me ahogaba con mi propio sufrimiento.
El Sol cobró sentido, y aparece aún en los días más grises, en los que no se ve ni lo azul del cielo de las nubes que lo cubren. Las mañanas se tornan iluminadas, con energía, y merece la pena levantarse pensando en ti, sabiendo o deseando verte, deseando escuchar tu voz, tu risa.
Y hoy, después de varios días, regreso al lugar que cobijó nuestra dulzura, nuestra pasión, a las paredes que acogieron a tus gemidos, a las sábanas que recogieron tus besos. Los adornos aún pueden recordar tu voz susurrándome al oído. Y camino, recorriendo cada uno de los lugares en los que me rodeaste con tus brazos, y me recreo en ellos, me traslado a esos momentos contigo. Puedo conseguir llegar a percibir tu aroma.
Hoy la cama me parece eterna. La noche se me antoja difícil sin ti. Y el sentimiento que se agolpa entre los muros de mi cuerpo no puede salir, y lucha por ello, porque siento que sino estallará, me hará estallar con él, me romperá, podrá conmigo de potente que es.
Y al final hoy conseguí ver la Luna, conseguí verte a ti sonriendo por ella.
Intentaré hacer brillar tus pupilas con cada uno de mis besos, hacer temblar tus manos cuando te roce con una caricia, iluminar tus días oscuros cuando creas que no hay claridad posible.
martes, 6 de diciembre de 2011
Cuando me asusto de mí por no asustarte a ti...
Y es en estas líneas cuando me doy cuenta. Me gustaría poder escribir, poder expresar tantas cosas que no consigo plasmar... Por ejemplo el color de tu mirada, o tu olor, o la neblina que acompaña tus besos. O el sentimiento que me inunda cuando te miro a los ojos, cuando me hablas, cuando me escribes, cuando te veo.
No dudaré de nada, no permitiré a mi ser encrucijado que se entrometa, no dejare que te asustes de mi. Sólo procuraré hacer de tus noches cada una de un color, de cada dia una sonrisa nueva, de nuestros cortos momentos la eternidad que queramos elegir. Sin límites. Sin prisa.
No dudaré de nada, no permitiré a mi ser encrucijado que se entrometa, no dejare que te asustes de mi. Sólo procuraré hacer de tus noches cada una de un color, de cada dia una sonrisa nueva, de nuestros cortos momentos la eternidad que queramos elegir. Sin límites. Sin prisa.
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