Amanece. Otro día gris como todos los anteriores. Ya no recuerdo la luz del Sol en mi retina. Ya no recuerdo las sonrisas, el ruido de los pájaros. ¿Lo sentí alguna vez? La desesperanza invade uno a uno cada rincón de mi cuerpo cuando intento levantarme para comenzar un nuevo día. Un nuevo tormentoso día. Y cada paso que doy es un paso contra mí misma, contra mi voluntad, contra todo lo que quise ser un día, contra todo mi propósito de vida, de ser feliz. Y poco a poco llevo a cabo cada una de mis rutinas, todas ellas mecanizadas con el paso de los días grises, ya no tienen sentido. La tostada ya no sabe a nada, la colonia ha dejado de tener olor, el Sol ha dejado de brillar y los ruidos ya no avisan de nada. Todo surge para hacer la rutina de los días vacíos. Todo acompasado como un reloj antiguo, como los latidos de mi corazón, al que un día se le dio cuerda y aún no se ha agotado.
Y así era todo. Todo. Mis días eran tan grises como puedo describirlos. O más. Mi melancolía recorría cada una de mis venas, y la pena que me invadía me empujaba cada vez más hacia un pozo sin salida.
Y llegaste tú. Y vi que podía sonreir sin tener que forzar los músculos de mi rostro, que podía reir en alto sin temor a percibirme patética, que podía respirar y no me ahogaba con mi propio sufrimiento.
El Sol cobró sentido, y aparece aún en los días más grises, en los que no se ve ni lo azul del cielo de las nubes que lo cubren. Las mañanas se tornan iluminadas, con energía, y merece la pena levantarse pensando en ti, sabiendo o deseando verte, deseando escuchar tu voz, tu risa.
Y hoy, después de varios días, regreso al lugar que cobijó nuestra dulzura, nuestra pasión, a las paredes que acogieron a tus gemidos, a las sábanas que recogieron tus besos. Los adornos aún pueden recordar tu voz susurrándome al oído. Y camino, recorriendo cada uno de los lugares en los que me rodeaste con tus brazos, y me recreo en ellos, me traslado a esos momentos contigo. Puedo conseguir llegar a percibir tu aroma.
Hoy la cama me parece eterna. La noche se me antoja difícil sin ti. Y el sentimiento que se agolpa entre los muros de mi cuerpo no puede salir, y lucha por ello, porque siento que sino estallará, me hará estallar con él, me romperá, podrá conmigo de potente que es.
Y al final hoy conseguí ver la Luna, conseguí verte a ti sonriendo por ella.
Intentaré hacer brillar tus pupilas con cada uno de mis besos, hacer temblar tus manos cuando te roce con una caricia, iluminar tus días oscuros cuando creas que no hay claridad posible.
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