sábado, 11 de febrero de 2012

Recuperando la belleza

Sé que puedo unir los trocitos de un corazón que, a tus ojos, perdió la inocencia. Sólo te pido una cosa, déjate llevar, déjate querer y amar, deja que te envuelvan mis sentimientos como me envuelven a mi las esferas de sensaciones cuando estoy contigo.
Y que no se me quitan las ganas de abrazarte cada vez que te veo, y de quedarme mirando esos ojos chocolate que me hipnotizan, y de querer esfumar las nubes grises que nublan tu mente, para devolverte el arcoiris de tu sonrisa.
Lo siento, sabía y siempre lo supe que mi emotividad empañaría los ojos de quien me acompañara, y me sentí desgraciada por saber que sería cierto.
No estoy ni llegaré a estar a la altura de lo que eres para mi, pero ojalá pudiera hacerte ver un poco de lo que veo y siento. Podría servir para dos cosas: o para que enloquecieras por lo que vieras dentro de mi, pero enloquecieras de amor, o que enloquecieras al atisbar la oscuridad de tanta pasión por lo más bello, porque te inundara una sensación de miedo que no pudieras soportar. Como no quiero arriesgarme por la segunda, prefiero no saber qué pasaría si eso te ayudará a ser más feliz en mi compañía.
Ahora mismo, de lo único de lo que estoy segura es de una cosa, de dos palabras que te susurraré al oido en nuestras noches más bellas a la luz de las estrellas, con la Luna como testigo de la belleza incalculable que envuelve nuestros besos y caricias.

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