Que ya no me importan los versos que no sean tuyos, porque sé que no envuelven la belleza que veo en ellos. Me podrías engañar con tus palabras tan fácilmente como consiguen sacarme una lágrima tus párrafos.
Y en medio de tanta confusión, de tanta emoción sostenida en un nudo en la garganta, preguntándome cuán maduro o racional es emocionarme tanto por tus letras, sólo sé que quiero leer más, quiero escucharlas con tu voz, quiero sentirte en ellas y sentirme también.
Mientras me alejo de ti por la rutina del día a día, me mantengo sabiendo que es la misma rutina la que me permitirá verte pocas horas más tarde. No me canso de tu compañía, de tus suspiros, de tus palabras y tus gestos, de los besos que me robas y las caricias que te quedas. No me canso de ti, y necesito más horas de las que tiene el día para compartirlas contigo.