Poco a poco permites que la tormenta separe dos pedazos de tierra totalmente unidos. Con sus vendavales, sus aguas, y sus repentinas calmas.
Poco a poco esa tormenta crece y separa esa tierra. Pero es curioso, porque esa tormenta no sería nada sin un poquito de esa tierra. Es poder de la tierra decidir si quiere que haya tormenta, pues si se establece en sí mima, vive por sí misma, y se nutre por sí misma y por su otro pedacito de tierra, no necesitará aguas que la bañen ni vientos que la agiten.
No permitas que una tormenta separe lo que el tiempo ha unido, pues la tormenta y el tiempo se van, pero lo que se une queda unido, y lo que se rompe es dificil recomponerlo desde sus pedazos.
Si vuelves, tormenta, a movilizar esas tierras, probablemente descubrirás que sin tierras no eres nada, que no dejarás que los dos pedazos permanezcan unidos si te empeñas en inundarlos, que el mundo dejará de tener sentido para tí cuando no tengas ningún pedazo de tierra más que separar, y sólo te puedas separar en tí misma.
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