De nuevo me veo ante un teclado. Algo a quien contarle lo que siento.
De nuevo me sorprendo de los cambios que pueden ocurrir cuando una chispa se enciende y prende toda una conexión de ideas, de neuronas. Si es que me queda algo de esa actividad cerebral y no estoy obsoleta de pensar o sentir.
La belleza no existe fuera, no es un ente como la verdad de aquellos que defienden una verdad ajena al ser humano, algo como un dios. No, no es esa belleza la nuestra. Nuestra belleza la construimos nosotras, hacemos bonito lo bonito, hacemos memorable lo que recordamos con sonrisas. No hay belleza al margen de los sentimientos. Y los sentimientos, de nuevo, también los construimos.
Y aquí caminan también mis ideas constructivistas, despojos de ideas que aún permanecen en los resquicios de esa puerta entreabierta. No la cierres. No me dejes cerrarla.
Lo bonito lo hacemos nosotras.
Esa puerta que permite viajes al futuro, o al pasado. Es mi puerta mágica. Es la puerta que a veces me deja soñar, imaginar cómo puedo hacer de mi vida algo memorable, porque, de nuevo, lo hago yo. También es aquella que me permite recordar los momentos que ya hice bellos y guardé en mi conciencia. Aquellos como los paseos, un templo, una voz y unas risas, unas calles y unas luces, unas películas... pero también unas lágrimas, luz gris, oscura. Por suerte la memoria se ocupa de borrar los recuerdos negativos, o eso enseñan.
Es la puerta que me permite sonreír por miles de momentos a tu lado, y me da fuerzas, me ayuda a seguir, me dice que hay algo bueno por lo que merece la pena luchar y esperar.
No me dejes cerrarla.
Siento estar tan loca como para pensar que puedo manejar los hilos que me conducen. Siento creer que si quiero, puedo. Si imagino, lucho. Siento creer que yo construyo mi belleza, y mi belleza sigue permaneciendo en los momentos a tu lado.
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