lunes, 23 de enero de 2017

Segunda de a bordo


Vuelta al sentir de las olas del mar,
sometidas a las mareas,
a la Luna, otra luna,
que siempre será más brillante, más bonita, más enigmática y misteriosa.

Un sentir que no cesa ni con el paso de los años ni los de experiencia,
ni con la fuerza creciente de una mujer que se construye y crece,
que se empeña por desterrar todo rastro de duda e inseguridad
para quererse.

Un barco que siempre zarpa antes de que salga el Sol,
de que se calmen las mareas del miedo.
Un barco tripulado por un montón de personas que se quieren,
pero que también tienen sus lados más tristes y apagados.
El Sol no deja que se vean.
Y a la sombra de las velas, tras el mástil que se alza sobre la opinión ajena,
difícilmente la luz que brota de las ganas de crecer y amarse va a deslumbrar a cualquiera.
Ni a una misma siquiera.